miércoles, 11 de agosto de 2010

ENERGÍA, DESARROLLO, ENTROPÍA

Cuando hicimos nuestro primer viaje de tres semanas a Islandia, en 1996, se hablaba de la enorme capacidad del país para generar energía eléctrica mediante fuerza hidráulica y geotérmica y de la inminencia del tendido de un cable submarino que conectaría la isla con el continente y permitiría materializar tantas posibilidades económicas como ofrecía esta potencial energía limpia.
Durante nuestra segunda visita, a primeros de julio de 2010, yendo por la pista 208 hacia Landmannalaugar, observamos grandes y flamantes obras hidráulicas. Vimos lagos o embalses interconectados por profundos canales y también descubrimos una línea eléctrica que se perdía por los desiertos adelante. Luego, viajando por los páramos del Jökulldalsheidi hacia Egilsstadir, encontramos nuevamente el tendido eléctrico. Y más tarde, explorando las cabeceras del Fljótsdalur o del lago Lagarfljót, vimos por la margen derecha otra línea, esta vez doble, de muy alta tensión y capacidad, que también discurría hacia los fiordos del este. Todo ello nos llevó a pensar que quizá ese cordón umbilical eléctrico entre Islandia y Dinamarca ya existía, ya estaría operativo,… pero resultó que no.

Tomando la Hringvegur o N1 desde Akureyri hacia los fiordos del este, unos 80 kilómetros después de rebasar el área del Lago Mývatn y habiendo quedado ya bien atrás las granjas de Grimsstaðir, los viajeros se adentran en el Jökuldalsheiði, una sucesión de colinas y de suaves valles donde abundan los pequeños ríos, lagunas y pastos. Toda el área está deshabitada. En otro tiempo hubo aquí muchas granjas pero durante la erupción del Askja, in 1875, enormes cantidades de ceniza y lava destruyeron el territorio y sus habitantes tuvieron que emigrar a Norteamérica.
La carretera N1 desciende luego hacia el Jökuldalur, un estrecho y largo valle donde, en el siglo XVIII, fueron introducidos los renos provenientes de Noruega. Discurre por aquí el río Jökulsá á Dal, que tiene 150 km. de longitud y nace en el Brúarjökull, uno de los sectores septentrionales del gran glaciar Vatnajökull. Habíamos leído algo acerca de este fiero río cuyo violento caudal arrastra ingentes cantidades de arena, arcilla y piedras aportando diariamente 112 toneladas de material a la bahía Héraðsflói, a la marisma negra de Heradssandur. Y después de conocer esos datos, nos causó gran sorpresa descubrir el Jökulsá á Dal con un modesto caudal y un agua mansa, azul, impoluta. Llegamos a pensar que nos habíamos equivocado de río pero al día siguiente, cuando acudimos a la desembocadura en el Héradssandur para observar pájaros y focas, comprobamos que, en efecto, el río Jökullsá á Dal sufría un tremendo e inexplicable estiaje. No había más que observar la escasa corriente y las marcas en el cauce que evidenciaban el paso de caudales infinitamente mayores. Hay que tener en cuenta que julio es el mes en el que alcanzan su máxima potencia los ríos que bajan del gran glaciar Vatnajökull.


Las marcas en el cauce del otrora fiero río Jökulsá á Dal evidencian una "inexplicable" sequía en pleno mes de julio, cuando la fusión del glaciar Vatnajökull es máxima y la corriente debería ser desaforada.
 Por fin, el día 23 de julio, cuando arribamos al Reyðarfjörður, el precioso fiordo en la costa este de Islandia, nos encontramos con una flamante planta metalúrgica llamada Fjardaál (Aluminio de los Fiordos), dedicada a la fundición y procesado de aluminio. Y allí estaba la meta, el punto final de las líneas eléctricas y la explicación de las “anomalías” fluviales.
La gran cantidad de energía que consume la industria del aluminio es la partida más importante de sus costes de producción. Por eso las mayores empresas multinacionales se pelearon últimamente por instalarse en Islandia, donde hay energía potencial en abundancia, y causaron una profunda transformación en el paisaje de las tierras altas.
A finales del pasado siglo, el gobierno islandés, la empresa nacional eléctrica (Landsvirkjun) y la poderosa firma noruega Hydro Aluminium AS planearon un magno proyecto energético y metalúrgico que debería ser extraordinariamente beneficioso para la economía islandesa. Se instalaría un polo industrial en la costa oriental que tendería a equilibrar la acumulación de actividad y población existente en el extremo opuesto de la isla, en el área de Reykjavík. La clave para llevar adelante todo este asunto sería el complejo hidráulico de Kárahnjúkar. Entre las presas o embalses necesarios, se levantaría el muro principal al pie del glaciar Brúarjökull, en las cabeceras del río Jökullsá á Dal, la legendaria fiera líquida, el poderoso ariete de agua que nosotros acabábamos de descubrir tan venido a menos.
El embalse de Kárahnjúkar–Hálslón se proyectó para abastecer a una central con potencia de 210 Megawatios. La energía eléctrica aquí generada, junto con la procedente de otras instalaciones situadas en las tierras altas del país, sería consumida en Reyðarfjörður por una planta capaz de producir 120.000 toneladas anuales de aluminio.
Poco tiempo después de que este magno plan fuera diseñado, surgieron discrepancias por motivos financieros y entonces apareció en escena la compañía estadounidense Alcoa, la mayor potencia mundial en fundición de aluminio. Alcoa propuso un nuevo plan que incrementaba la prevista producción anual de aluminio hasta 240.000 toneladas. El contrato firmado con el gobierno de Islandia obligaba a Alcoa a suministrar electricidad al país por espacio de 40 años y forzaba a los noruegos a retirarse del proyecto.
Para construir el complejo hidráulico de Kárahnjúkar hubo que desviar el tremendo caudal del río Jökullsá á Dal mediante túneles calados a casi doscientos metros de profundidad. Fueron construidos varios muros de presa, uno de los cuales tiene nada menos que 730 metros de longitud y 193 de altura.
Actualmente, el conjunto de embalses almacena unos dos mil millones de metros cúbicos de agua. Desde aquí es posible aportar casi 150 metros cúbicos por segundo a las turbinas de la central que está situada unos sesenta kilómetros al sudoeste de Egilsstadir, en las cabeceras del Fljotsdalur, más arriba del lago Lagarfljót. El líquido discurre a través de 73 kilómetros de túneles. La caída total desde Hálslón a la central del Fljótsdalur es de unos 600 metros. La potencia nominal del grupo de seis turbogeneradores es mucho mayor de la prevista inicialmente: 690 Megawatios nada menos. La capacidad prevista de generación eléctrica es del orden de 4.600 Gigawatios-hora anuales. (4.600.000.000 kilowatios-hora).
El complejo hidroeléctrico de Kárahnjúkar es la mayor obra europea en su género.

Sabido esto, ya entendimos por qué el río Jökullsá á Dal, en pleno mes de julio, desemboca tan menguado en las marismas negras de Heradsandur.
A través de Youtube, tecleando el nombre de Kárahnjúkar, es posible acceder a algunos documentales muy interesantes acerca de la entidad de las colosales obras hidráulicas. La siguiente dirección es una de ellas: http://www.youtube.com/watch?v=1PXUVCyqEmI
 
Nota: los datos técnicos proceden de la web oficial de la empresa eléctrica islandesa Landsvirkjum: http://www.landsvirkjun.com/operations/power-stations/fljotsdalur-hydropower-station/nr/929

El mapa muestra los fiordos del este, entre ellos el Reydarfjördur donde opera la planta de aluminio Fjardaál de Alcoa. En el interior, el valle de Fljótsdalur con el lago Largarfljót que se alarga 25 kilómetros al sudoeste de Egilsstadir. En las cabeceras del río Jökulsá í Fljótsdál, que vierte a este lago, está el complejo de embalses y túneles de Kárahnjúkar.
Al oeste del valle de Fljótsdalur discurre paralelo el valle de Jökuldalur cuyo río, el Jökulsá á Dal, ha visto reducido drásticamente su caudal ya que ha sido desviado en la cabecera.



¿Por qué reza el pescador en el puerto de Reydarfjördur?

La factoría de procesado de aluminio de Fjardaál en el fiordo Reydarfjördur.


La planta de aluminio del Reydarfjördur, la Fjardaál, emplea a 450 personas. A lo largo de este viaje hemos visto otra gran planta de fundición y procesado de aluminio operando en Grundartangi, en el fiordo de Hvalfjördur, junto a la península de Akranes, muy cerca de Reykjavík. Y parece que están en marcha o funcionando ya otras plantas similares.
Ha habido y sigue habiendo una fuerte reacción contra este proyecto y su impacto medioambiental. La plataforma Saving Iceland pide apoyo a la resistencia contra la industrialización de la última gran zona natural europea y la acción directa contra la industria pesada. Omar Ragnarsson es uno de los luchadores más significados y valientes frente a este magno plan hidroeléctrico y metalúrgico capaz de abastecer a toda Norteamérica de latas de aluminio para envasar la Coca-Cola y similares. Él entiende lo que está ocurriendo como una conquista hostil de Islandia, país que ha puesto en manos de los americanos el suministro y control energético para los próximos cuarenta años y ha vendido un patrimonio natural cuyo valor es incalculable para los islandeses y para la humanidad entera.
El rechazo al complejo de embalses de Kárahnjúkar se fundamenta también en que el área al norte del Vatnajökull es de la máxima actividad volcánica y sísmica. Entre la presa mayor y la muy activa caldera volcánica de Askjá -a cuya erupción de 1875 nos referíamos unas líneas más arriba- hay 40 kilómetros.


En la cabecera del Lagarfljót se mezclan las aguas impolutas de otros ríos con el enorme caudal que proviene del complejo hidroeléctrico. (Justo es reconocer que la turbidez del agua es la habitual o normal en el drenaje de todos los grandes glaciares).

Investigando un poco más acerca de los planes energéticos europeos supimos que, hace dos o tres años, se relanzó la idea de aprovechar la capacidad de generación eólica del Mar del Norte y la geotérmica de Islandia para su consumo en el sur de Europa. Arnulf Jaeger-Walden, del Instituto de Energía comunitario, presentó un proyecto que incluye la creación de una red eléctrica de corriente continua y muy alta tensión que transportaría esa energía limpia desde Islandia al Mediterráneo. El coste estimado sería de unos 44.000 millones de euros y casi la totalidad correría a cargo del erario europeo. Se relanza pues la idea de la conexión submarina.
Lo mejor del capital natural del planeta Tierra, la belleza conmovedora de las cada vez más escasas regiones vírgenes, los paisajes imponentes, el aire limpio, el agua abundante, las reservas de la biodiversidad … van quedando reducidas a muy pocos y cada vez más fragmentados territorios, verdaderos templos cuyo valor para la humanidad es incalculable. Hace mucho tiempo que urge ordenar y aumentar las medidas de protección de estos raros tesoros. Pero no cesa de ir en aumento la entropía, que es la medida del desorden en cualquier sistema.


Nota: la entrada de este mismo blog titulada ÁSBYRGI, DETTIFOSS, la huella de Sleipnir y la furia de Odín es complementaria de ésta.

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